Colombia se Arrodilla y pide Paz a la Guerrilla

Colombia se Arrodilla y pide Paz a la Guerrilla
TImochenco, a la derecha, autor de más de dos mil asesinatos, hoy quedará libre de toda culpa.
TImochenco, a la derecha, autor de más de dos mil asesinatos, hoy quedará libre de toda culpa.

Hoy a las cinco de la tarde Colombia le da otro giro a su historia: se firmará un tratado por la paz.

Después de media década de matanzas, secuestros y bombazos que acabaron con la vida de más de 250 mil personas, la mayoría de ellas víctimas inocentes de un conflicto del que muy pocos colombianos conocen la verdad de su origen.

La redacción de LAVOZDEAMERICA ha preparado un sencillo trabajo sobre lo que se espera para esta tarde, donde frente a 2 mil 500 invitados, entre ellos un rey, firmará un convenio para la paz duradera.

Se considera como la noticia más esperada por los colombianos y para algunos países vecinos como Venezuela y Ecuador, que de alguna forma han sido testigos y víctimas de este conflicto, en el que jugó un papel importante el tráfico de drogas, de armas y el lavado de dinero como principal soporte de los irregulares.

La firma se llevara a efecto a las 5:00 de la tarde, en el Patio de Banderas del Centro de Convenciones de Cartagena. Quince jefes de Estado han confirmado su presencia, entre ellos el cubano Raúl Castro, cuyo país acogió durante casi cuatro años los diálogos; el rey Juan Carlos, de España; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; su homólogo de la OEA, Luis Almagro; los presidentes del Banco Mundial, Jim Yong Kim, y del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde; así como el secretario de Estado estadounidense, John Kerry.

Las FARC, iniciales que identifican al Frente Armado Revolucionario de Colombia, al fin consiguió el reconocimiento del mundo como una entidad beligerante que busca espacio político en la nacion, pese a que fueron sin lugar a dudas los verdugos de millones de colombianos inocentes, muchos de ellos asesinados durante ataques a los pueblos más desprotegidos del país, o a través de secuestros, asaltos en los caminos, carreteras e incluso, ataques a naves de civiles que atravesaron por error las zonas donde se agrupaban los  criminales, ahora convertidos en “dirigentes” políticos que muy pronto tendrán voz y voto en las cámaras legislativas.

 

Los colombianos sabe que la guerrilla fue el cáncer que consumió muchas vidas, pero en procura de la paz, han consentido que el gobierno de turno, encabezado por Manuel Santos, firmen con la delincuencia un tratado que esperan se convertirá de alguna forma en una ventana hacia un futuro mejor.

 

Nadie lo tiene claro del porque de la violencia en Colombia, las razones se pierde en la noche de los últimos tiempos. Las Farc fueron el principal objetivo militar de gobiernos y Fuerzas Armadas, con el inocultable apoyo de Estados Unidos. Pero no hubo vencedores ni vencidos y, como corresponde, toda guerra concluye en una paz negociada, en el que el único afectado fue el pueblo.

El último capítulo lo protagonizó el gobierno de Juan Manuel Santos, pero la idea de buscar una salida política en vez de una guerra eterna comenzó hace 34 años, cuando el presidente Belisario Betancur habló de paz. Por eso se puede decir que hoy concluye una secuencia de intentos fallidos por alcanzarla, en los que cada quien aportó lo suyo, sin resultados definitivos. Esta vez fue posible a través de una negociación inteligentemente conducida, aunque la historia dirá también que las Farc dieron el paso porque los saldos de la guerra ya eran insostenibles.

Quedan muchas heridas que se necesita cerrar a través de un largo posconflicto, con una primera estación de tensos alcances: la fase de la justicia transicional, en la que se espera que las víctimas tengan verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Es una larga confrontación entre Estado e insurgencia, llena de excesos por parte de ambos frentes y de otros actores ilegales, que degradaron el conflicto, y por eso quedan cabos sueltos que Colombia tendrá que atar para que la paz sea de verdad estable y duradera.

Además de 26 cancilleres, los exmandatarios José Mujica, de Uruguay, y Ernesto Zedillo, de México; el expresidente del gobierno español Felipe González, y el exsecretario general de la ONU Kofi Annan, también confirmaron su presencia, al igual que representantes de las víctimas del conflicto. Y, por supuesto, el máximo líder de las Farc, Timoleón Jiménez, junto con otros miembros de la cúpula de esa guerrilla. Habrá discursos de lado y lado, y una oración, hacia el mediodía, “por la reconciliación de todos los colombianos”. La noticia que se esperó por tanto años está confirmada: llegó el día de la paz.

 

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